CARROS Y MÁS MEDIA.— La administración del presidente Donald Trump volvió a intensificar su política arancelaria frente a socios comerciales de Estados Unidos, en momentos en que continúan las conversaciones sobre el futuro del T-MEC y el libre comercio en América del Norte.
La nueva medida impone aranceles de entre 10 % y 12.5 % a productos enviados hacia Estados Unidos desde más de 80 países. Sin embargo, quedan exentos los bienes que ya están cubiertos por aranceles específicos para la industria automotriz y los metales, así como aquellos que cumplen con las normas del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.
Esto significa que muchas autopartes no estarían afectadas por la nueva disposición, siempre que cumplan con los requisitos establecidos bajo el T-MEC.
De acuerdo con la administración estadounidense, los nuevos aranceles se justifican por acusaciones relacionadas con la falta de acciones suficientes de algunos socios comerciales para detener el trabajo forzoso. Además, el gobierno investiga si debe aplicar gravámenes adicionales a países con exceso estructural de capacidad manufacturera.
La Casa Blanca también impuso nuevos aranceles del 50 % a una serie de productos canadienses, como respuesta a la decisión de Canadá de gravar vehículos fabricados en Estados Unidos.
Estas medidas llegan en un momento sensible para la industria automotriz norteamericana, altamente integrada entre Estados Unidos, Canadá y México, especialmente en la producción de vehículos, autopartes y transporte transfronterizo.
En paralelo, el recién inaugurado puente internacional Gordie Howe, que conecta Windsor, Ontario, con Detroit, enfrenta sus primeras tensiones operativas dentro del sector automotor.
El puente, de 2.4 kilómetros sobre el río Detroit, fue abierto al tráfico esta semana con el objetivo de mejorar la eficiencia de uno de los cruces comerciales más importantes entre Canadá y Estados Unidos.
Sin embargo, una sección local del sindicato UAW, que representa a conductores estadounidenses de FCA Transport, empresa de transporte de Stellantis, pidió a sus miembros no utilizar el nuevo puente.
Según la organización sindical, existe un acuerdo contractual con la empresa privada Ambassador Bridge que impediría a estos conductores emplear el nuevo cruce internacional Gordie Howe para sus viajes entre Windsor y Detroit.
La sección local 444 de Unifor, que representa a trabajadores canadienses de FCA Transport, también confirmó que sus conductores continúan utilizando, por ahora, el puente Ambassador.
La situación evidencia la complejidad logística y contractual que rodea el transporte automotor entre ambos países, incluso cuando se abren nuevas infraestructuras destinadas a mejorar el flujo comercial.
Con los nuevos aranceles, las conversaciones sobre el T-MEC y las restricciones en el uso del puente Gordie Howe, el comercio automotor entre Canadá y Estados Unidos entra en una etapa de mayor presión política, económica y operativa.




