CARROS MÁS MEDIA, SANTO DOMINGO. — El fuerte incremento en los precios de los vehículos nuevos durante la última década está transformando el mercado automotriz, hasta el punto de que cada vez más compradores perciben los autos nuevos como un artículo de lujo, mientras crece la demanda de vehículos usados.
En muchos mercados, las ventas de autos nuevos se han desacelerado, mientras que el mercado de segunda mano continúa expandiéndose. Esta tendencia ha abierto un debate dentro de la industria: si los autos nuevos están dejando de ser accesibles para la clase media.
Hace aproximadamente una década, algunos analistas planteaban que la propiedad privada de automóviles perdería relevancia frente a alternativas como los servicios de movilidad compartida, las plataformas de transporte bajo demanda y el transporte público mejorado.
Sin embargo, esa predicción no se materializó completamente. La pandemia de COVID-19 reforzó el valor del vehículo privado como medio de transporte seguro y flexible, lo que mantuvo vigente la necesidad de movilidad personal.
A pesar de ello, el aumento de precios ha sido significativo. Un estudio publicado en 2024 por el Instituto Nacional de Investigación del Transporte de Francia estimó que el precio promedio de los autos nuevos aumentó alrededor de un 24 % entre 2020 y 2024, equivalente a unos 6.800 euros adicionales por vehículo.
Entre los factores que explican esta tendencia se encuentran la inflación, el aumento de los costos de materias primas y energía, la electrificación, las nuevas normativas de seguridad y la creciente complejidad del software en los vehículos modernos.
A esto se suma una estrategia cada vez más evidente dentro de la industria: priorizar segmentos más rentables como los SUV y los crossovers, que ofrecen mayores márgenes de ganancia. Incluso marcas tradicionalmente masivas han comenzado a posicionar sus productos en segmentos cercanos al mercado semipremium.
Este cambio también ha impactado a los autos más pequeños. Durante décadas, el llamado segmento A —con modelos urbanos y económicos— representó una puerta de entrada a la movilidad para muchos compradores. Vehículos como el Fiat Panda, el Volkswagen up! o el Toyota Aygo ofrecían opciones accesibles para conductores jóvenes o familias urbanas.

Hoy, sin embargo, muchos fabricantes han abandonado este segmento por considerarlo poco rentable. Como resultado, los compradores deben optar por modelos más grandes y costosos del segmento B.
En paralelo, los vehículos eléctricos aún no han logrado convertirse en la alternativa económica que muchos esperaban. Aunque los costos de las baterías han disminuido con el tiempo, la mayoría de los fabricantes continúa lanzando modelos eléctricos en segmentos de precio más alto, donde los márgenes de beneficio son mayores.

El resultado es un mercado en el que los autos nuevos siguen aumentando de precio mientras los usados ganan protagonismo, lo que plantea un desafío para la industria: mantener la rentabilidad sin alejar aún más a los compradores promedio.





